El estrecho que nadie en Colombia conocía — y que ya está en tu factura.

Ormuz queda a más de 13.000 kilómetros de Cartagena. Pero su crisis llegó hasta tu flete.


Hay corredores marítimos que el mundo solo nota cuando algo sale mal. El estrecho de Ormuz es uno de ellos. Un paso de apenas 33 kilómetros de ancho entre Irán y Omán que, en condiciones normales, nadie en el sector logístico colombiano mencionaba en una reunión de planeación.

Eso cambió este año. Y la lección que deja vale la pena entenderla bien, porque no es la última vez que algo así va a pasar.


Lo que ocurrió, en pocas palabras

Desde finales de febrero de 2026, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán escaló hasta el cierre parcial del estrecho de Ormuz — la arteria por la que transita el 38% del comercio marítimo mundial de petróleo crudo, además del 29% del gas licuado de petróleo y el 19% del gas natural licuado y productos refinados, según cifras de la Unctad citadas por Analdex.

El tráfico de buques cayó más del 70% en los días más críticos, mientras el precio del crudo Brent pasó de 70 a casi 110 dólares por barril en el primer mes del conflicto. Las navieras más grandes del mundo —Maersk, CMA CGM, Hapag-Lloyd— suspendieron sus tránsitos por el estrecho y por rutas vinculadas como el mar Rojo.

Para mediados de junio, Washington y Teherán llegaron a una tregua que permitió la reapertura gradual del paso. Para finales de junio, al menos 36 buques cruzaban diariamente el estrecho — un tráfico récord desde el inicio del conflicto, aunque todavía representa apenas el 40% del flujo en tiempos de paz.


Por qué le importa a una empresa que opera en Medellín o Cartagena

Aquí está la lección que todo operador logístico colombiano debería interiorizar: no hace falta estar cerca del conflicto para sentir sus efectos.

Según analistas consultados sobre el impacto en Cartagena, el sector portuario fue uno de los más expuestos, por el aumento en los costos del petróleo y el gas, lo que se traduce en mayores costos operativos y posibles caídas en los flujos de importación. El mecanismo es simple: si sube el petróleo, sube el combustible marítimo y aéreo. Y si sube el combustible, sube el flete — sin importar si tu carga nunca se acerca al golfo Pérsico.

Un informe del Latin America Risk Report advirtió que el aumento del precio del petróleo y los combustibles se traslada a los precios internos colombianos, especialmente en transporte y alimentos, con impacto directo sobre el costo de vida. En abril de 2026, la inflación en Colombia alcanzó 5,7%, impulsada principalmente por alimentos y servicios. No es casualidad que ese repunte haya coincidido con el peor momento de la crisis.

El golpe no llegó solo por el petróleo. Un analista identificó cuatro factores detrás del alza en los costos logísticos: la disparada del combustible marítimo, con subas del 70% en algunos puertos de abastecimiento; el salto de las primas de riesgo de guerra en los seguros, que pasaron del 0,02% al 2% del valor del buque; la pérdida de capacidad efectiva por desvíos de rutas; y un componente especulativo en los recargos que aplican las navieras.

Combustible más caro, seguros más caros, menos espacio disponible en los buques. Esa combinación —no solo el precio del petróleo— es la que infla el flete.


La lección estructural: los choke points son el talón de Aquiles del comercio global

Ormuz no es un caso aislado. Es el ejemplo más reciente de algo que el sector logístico lleva años advirtiendo: el comercio mundial depende de un puñado de corredores marítimos extremadamente estrechos —Ormuz, Suez, Malaca, Panamá— donde cualquier disrupción, sea por conflicto, sequía o accidente, puede paralizar una porción enorme del flujo global de mercancías.

El director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía calificó esta interrupción como la mayor amenaza de la historia en términos de seguridad energética del planeta, superando incluso la retracción vivida durante los shocks petroleros de 1973 y 1979. Esa frase, viniendo de quien la dijo, debería ser suficiente para que cualquier empresa con cadena de suministro internacional revise sus planes de contingencia.

Y aquí está el dato más importante para cualquier gerente de operaciones: los precios suben rápido, pero bajan lento. Como explicó un analista del sector marítimo, el petróleo baja rápido, pero los fletes bajan lento — las navieras y aseguradoras esperan confirmar que el tránsito sea seguro, que caigan las primas de riesgo y que se normalice la congestión de buques demorados antes de ajustar sus tarifas hacia abajo. La inercia logística siempre llega después de la inercia geopolítica.


Lo que esto significa para tu operación

Esta crisis particular ya está en fase de desescalada. Pero el patrón que dejó es la verdadera lección:

1. La diversificación de rutas y proveedores no es un lujo, es protección. Las empresas que dependían de un solo corredor o de un solo proveedor sintieron el golpe con más fuerza que las que ya habían diversificado antes de la crisis.

2. Los contratos de flete con condiciones claras valen oro en momentos de volatilidad. Quien negoció tarifas fijas o coberturas antes de la escalada, amortiguó buena parte del impacto.

3. La inteligencia geopolítica ya es parte de la planeación logística. Ya no es suficiente monitorear el clima, los puertos y la demanda local. Hoy, lo que pasa en el golfo Pérsico puede definir el costo de tu próxima importación.

4. La volatilidad seguirá siendo la norma, no la excepción. Entre El Niño, las tensiones comerciales globales y este tipo de conflictos geopolíticos, 2026 ya dejó claro que la estabilidad total no es una expectativa razonable. La pregunta no es si va a volver a pasar algo así. Es qué tan preparada está tu cadena de suministro para la próxima vez.


Nuestra lectura desde Magnum

Llevar carga en 2026 significa operar con un mapa de riesgos que incluye desde un río que se seca en Colombia hasta un estrecho que se cierra en el otro lado del mundo. El operador que entienda esa interconexión —y que construya su cadena de suministro pensando en resiliencia, no solo en costo— es el que va a seguir operando sin sobresaltos cuando llegue la próxima crisis.

Porque siempre va a llegar una próxima.


¿Quieres revisar la exposición de tu cadena de suministro a este tipo de riesgos globales? Conversemos.

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